Petronila y Filipe Fernandes siguen buscando respuestas sobre la muerte de su hermano, José Luis López Credit: Maurice Tierney

Nota del editor: Esta es una versión abreviada de la serie Restrained and Sedated, publicada por Richmondside del 8 al 11 de septiembre. Leer la serie completa en inglés.

En 2020 y 2021, dos hombres del Área de la Bahía de San Francisco murieron en la misma ciudad en circunstancias inquietantemente similares durante enfrentamientos con la policía. Según testigos y familiares, ambos sufrían trastornos mentales. Ambos fueron inmovilizados físicamente por los agentes. Y ambos dejaron de respirar poco después de ser sedados a la fuerza por los paramédicos.

En ambos casos y ante la gran consternación de sus familiares, los agentes de policía y los paramédicos fueron absueltos de cualquier delito. Una de las familias ha presentado una demanda federal por violación de los derechos civiles y homicidio culposo, que se espera llegue a juicio en febrero. 

Pero, a pesar de las similitudes, una evaluación profunda de estos casos realizada por Richmondside reveló algunas diferencias clave en la forma en que fueron investigados por el forense del condado de Contra Costa, quien ha rechazado múltiples solicitudes de entrevista.

En el caso de José Luis López de 40 años, un trabajador de la construcción de Nicaragua que murió tras un violento forcejeo en marzo de 2020 con casi una docena de agentes en su casa de Richmond, el forense no mencionó que López había sido sedado a la fuerza con midazolam por un paramédico de American Medical Response.

La Oficina del Forense también ignoró el protocolo al no iniciar una investigación judicial en este caso, un proceso estándar para las muertes bajo custodia en el que un panel independiente de ciudadanos revisa los casos. Sin embargo, en el caso de Iván Gutzalenko, un enfermero de 47 años de Concord que murió en marzo de 2021 tras desplomarse en una calle de Richmond durante una crisis mental y/o física desconocida, el informe del forense sí mencionó que un paramédico de AMR lo sedó con el mismo fármaco. Asimismo, su oficina siguió el protocolo iniciando una investigación judicial.

Una investigación realizada en 2024 por la Associated Press sobre muertes ocurridas bajo custodia examinó 94 casos a nivel nacional relacionados con la sedación forzada entre 2012 y 2021. Además de los dos de Richmond, los demás casos del Área de la Bahía de San Francisco incluyeron uno en Oakland, tres en San Francisco, dos en Los Ángeles y uno en Pleasanton.

En total, se han producido 16 muertes en California desde 2014 tras la aplicación forzada de sedantes durante incidentes policiales. 

En Richmond, los investigadores dieron muy poca información a las familias sobre cómo murieron sus seres queridos.

La hermana de López, Petronila Fernandes, de San Pablo, dijo que la policía le informó que López había estado involucrado en un “enfrentamiento” y había sufrido “problemas médicos”, pero que había podido caminar hasta una ambulancia de AMR que lo llevó al Richmond Kaiser Hospital, donde falleció dos días después de que le retiraran el soporte vital. Esto coincidía con lo que la policía de Richmond también había declarado a los medios de comunicación locales en los dos años posteriores a la muerte de López.

Sin embargo, un examen de los registros públicos y de las imágenes de las cámaras corporales de la policía ofrece un cuadro muy diferente de lo que ocurrió cuando la policía acudió al domicilio de López el 17 de marzo de 2020, en respuesta a una llamada al 911 en la que se denunciaba un posible caso de violencia doméstica.

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José Luis López (izquierda), de Richmond, e Iván Gutzalenko, de Concord, fallecieron en 2020 y 2021 tras forcejeos con la policía de Richmond. Ambos fueron inmovilizados y sedados por un paramédico. Ambos padecían desde hacía tiempo problemas de salud mental y abuso de sustancias. Fotos: Cortesía de las familias.

“¡No! ¡Me van a matar!”, gritó López en español y en inglés mientras los agentes de policía lo lanzaban al suelo y lo sujetaban, mientras otro agente se quedaba en la puerta principal con un perro policía que ladraba ruidosamente. “¡Veo el odio en ustedes!”.

López luchó durante 19 minutos con hasta 11 agentes presentes. Le dispararon con una pistola eléctrica, lo golpearon con porras, lo inmovilizaron físicamente, lo esposaron y, finalmente, lo inmovilizaron con un dispositivo WRAP y una máscara antisaliva. 

Video de cámara corporal de la policía muestra que, una vez inmovilizado, López yacía de lado en el suelo de su salón gimiendo, quejándose, retorciéndose y gruñendo. Cuando el paramédico de AMR Rob Hirsch y su compañero entran en la casa, se ve y se oye al agente de policía de Richmond Michael Ricchiuto decir que López “necesita la inyección”, mientras mueve la mano, aparentemente imitando el movimiento de empujar el émbolo de una jeringa. 

Hirsch se acercó entonces a López, se arrodilló y le inyectó midazolam (conocido por su nombre comercial Versed), una benzodiazepina de acción corta que es un depresor y que pertenece a la misma clase de medicamentos recetados que el Xanax o el Ativan, en las nalgas.

Petronila Fernandes junto a una fotografía de su hermano, José Luis López, en la iglesia Águilas Centro Familiar Cristiano, el 17 de agosto de 2025. Foto: Maurice Tierney

Un punto clave de la controversia en la demanda de Gutzalenko es el papel de los paramédicos en la sedación de los sospechosos detenidos por la policía. En una fallo de marzo de 2025 que denegó el pedimento de la defensa de desestimar la demanda, un juez cuestionó si los paramédicos que administran esas inyecciones actúan en nombre de las autoridades.

El juez del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos Edward Chen escribió que siguen existiendo dudas sobre si el paramédico que inyectó a Gutzalenko actuó bajo “bajo pretexto de la ley”, refiriéndose a la apariencia de autoridad legal que pudiera no existir. Gutzalenko estaba esposado y siendo sujetado en la acera por dos agentes de policía de Richmond cuando le inyectaron.

“El hecho de que el fallecido no se resistiera ni se debatiera en el momento en que el Sr. (Damon) Richardson (el paramédico) le inyectó Versed plantea la pregunta: ‘¿Qué propósito médico cumplía la inyección?’”, escribió Chen. “¿Implica esto una función policial y no de atención médica?”.

Captura de pantalla del video de la cámara corporal del Departamento de Policía de Richmond filmado el 17 de marzo de 2020 en la casa de Richmond de José Luis López. Foto: Richmond Police Department

En el caso de López, estaba tan fuertemente inmovilizado cuando le inyectaron que no podía moverse.

El portavoz de la policía de Richmond, el teniente Donald Patchin, subrayó que los agentes no tienen voz ni voto cuando los profesionales médicos, como los paramédicos, deciden utilizar sedantes durante incidentes policiales.

“Es importante destacar que la ciudad y su departamento de policía no intervienen en la administración de ningún medicamento, incluido el midazolam”, afirmó Patchin en una declaración escrita. “Ni la ciudad, ni el departamento de policía de Richmond, ni ningún agente recomiendan, solicitan o administran midazolam, ni ningún otro medicamento, en ningún momento”.

Jerry Threet, abogado y antiguo investigador de la Comisión Ciudadana de Policía de Richmond, que revisa las denuncias contra el departamento y sus agentes, no está de acuerdo con lo que dijo Patchin. Afirmó que, en última instancia, los agentes pueden influir en las decisiones de los paramédicos con lo que dicen o no dicen.

“Así que, en efecto, los agentes van a controlar si (la persona) recibe un sedante o no, según cómo describan al sospechoso”, dijo Threet. 

Después de que López fuera sedado, se quedó en silencio y fue envuelto en una lona médica que le cubría todo el cuerpo, colocado en una camilla y sacado de la casa en una ambulancia, momento en el que se observó que no respiraba.

Patchin dijo en una entrevista reciente que no está seguro de por qué, o incluso si se dijo a los periodistas del Área de la Bahía, que él salió por su propio pie.

“No sé si se dijo eso. Si se dijo, entonces es una declaración errónea, porque él no salió por su propio pie”, dijo Patchin. “Desgraciadamente, (ese sargento) ya no está en el departamento. No puedo hablar de lo que dijo, pero puedo decir que, al revisar las imágenes de la cámara corporal, él no salió caminando”. 

Rob Hirsch, paramédico de American Medical Response, en el domicilio donde inyectó un sedante conocido como Versed a un hombre que la policía sujetaba. El hombre, José Luis López, dejó de respirar y falleció dos días después. Foto: Richmond Police Department

La policía describió a López, que medía 1.70 m y pesaba 104 kg, como una persona inusualmente fuerte en entrevistas posteriores con el investigador de la fiscalía del condado de Contra Costa. Más tarde se determinó que estaba bajo los efectos de la cocaína, según los registros de la autopsia.

Su prometida diría más tarde a la policía y a los investigadores de la fiscalía que él no le había hecho daño físico y que no entendía por qué los agentes habían utilizado tanta fuerza.

“Creo que él se equivocó al resistirse, pero no creo que las autoridades hicieran lo correcto, porque se supone que deben dar buen ejemplo… Sé que se resistió, porque estaba bajo los efectos de las drogas, pero que lo agarraran así, lo golpearan con porras y le dieran patadas cuando no había hecho nada…”

El sargento de policía de Richmond Ben Therriault, presidente del sindicato de policía de Richmond, dijo que los agentes que responden a llamadas relacionadas con armas o actos de violencia doméstica deben tomarlas en serio. Afirmó que los agentes se basan en la información que reciben de los operadores del 911 para evaluar su respuesta, que incluye el nivel de fuerza que deben emplear.

“Si no actuamos, se dice: ‘¿Por qué no actuaste? Te dijeron esto, esto es lo que dijeron’. Ese es uno de los aspectos claves para entender la aplicación de la ley”, señaló. “Uno debe prepararse bajo el auspicio de que ‘esto es palabra sagrada’, lo que oye y lo que le dicen. Cuanto antes pueda recopilar y obtener más información, mejor”.

López fue trasladado a un hospital a seis minutos de distancia. Allí, los médicos de urgencias le restablecieron el ritmo cardíaco, pero permaneció en coma y nunca volvió a despertar.

Hirsch, el paramédico de AMR, diría más tarde a los investigadores que era difícil ver si López respiraba después de ser sedado debido al dispositivo de sujeción y la máscara antisaliva. Cuando este reportero se comunicó con él en 2023 para pedirle su opinión, respondió: “No recuerdo el incidente del que habla”. Fue contactado de nuevo antes de publicar esta historia, pero no respondió.

Cuando la familia de López lo visitó en la unidad de cuidados intensivos de Kaiser, no pudieron conciliar lo que vieron con lo que la policía les había dicho inicialmente: que estaba bien y “necesitaba descansar”.

Dijeron que estaba irreconocible: hinchado, con cortes y cubierto de moretones.

El 19 de marzo de 2020, López fue desconectado del soporte vital y declarado muerto, solo tres días después de cumplir 40 años.

“Si yo no lucho por él, ¿quién lo hará?”

Petronila Fernandes, hermana de Jose Luis Lopez

Finalmente, el forense del condado, el Dr. Ikechi Ogan, determinó que, aunque López estaba gravemente herido, las lesiones no causaron su muerte. La causa de la muerte, según el informe de la autopsia, fue “accidente/drogas”, concretamente “intoxicación aguda por cocaína (delirio excitado) debido al abuso de sustancias”. El informe también señalaba otras “afecciones significativas”: “neumonía aguda en evolución”, “infección aguda del tracto urinario”, “abscesos subfrénicos” (líquido infectado en el cuerpo que puede ser consecuencia de un traumatismo o una cirugía) y “lesiones de tejidos blandos”.

Solo dos meses después, George Floyd moriría a manos de la policía de Minneapolis, y el controvertido diagnóstico de “delirio excitado” acabaría siendo desacreditado por las principales organizaciones médicas y abandonado por muchos cuerpos policiales, entre ellos el Departamento de Policía de Richmond.

Hoy en día, el Manual de políticas policiales de Richmond dice que el delirio excitado sigue siendo un “tema de debate” entre los profesionales médicos y no es una afección universalmente reconocida. Se instruye a los agentes a que no describan el “comportamiento, la conducta o la trastorno físico y mental de una persona como ‘delirio excitado’”».

“El delirio excitado se convirtió en un tema muy delicado desde el punto de vista político, como se puede imaginar, porque había casos en los que la gente utilizaba ese término para justificar diversas formas de tratar a un paciente”, afirmó el Dr. Senai Kidane, director de los Servicios Médicos de Emergencia del Condado de Contra Costa, que supervisa los contratos de los paramédicos del condado.

El condado cambió su mención de “delirio excitado” a “agitación severa” a finales de 2021 y principios de 2022, dijo.

Cinco años después, la hermana de López sigue buscando respuestas.


Petronila Fernandes sigue buscando respuestas sobre la muerte de su hermano, José Luis López. Foto: Maurice Tierney

“Si yo no lucho por él, ¿quién lo hará?”, dijo, luchando por contener las lágrimas. “Si hay acciones inapropiadas por parte de la policía, eso tiene que cambiar para que estas prácticas no continúen. Ese es mi punto de vista. Pero han pasado años y el sistema continúa operando”.

Gutzalenko siguió la “obra de Dios” convirtiéndose en enfermero

Gutzalenko, que murió en marzo de 2021, unos 10 meses después de la muerte de Floyd en Minnesota, era padre de dos hijos y había trabajado como enfermero en la unidad de quemaduras. Luchó por años contra problemas de salud mental y consumo excesivo de alcohol, según dijeron su exesposa y sus familiares.

El día de su muerte, varios testigos llamaron al 911 para reportar que un hombre estaba actuando de forma errática, entrando en varios comercios de Richmond y robando una bebida energética de una licorería.

Cuando llegó la policía, se desplomó en la acera y le dijo a un agente que no podía respirar, según los videos de las cámaras corporales de la policía. Al principio se mostró cooperativo y agradeció al agente que le prometió ayudarle, pero se enfadó cuando otro agente sugirió que se le sometiera a una retención psiquiátrica “5150”. Ese agente también amenazó con dispararle con una pistola eléctrica.

Después de que un paramédico de AMR le inyectara midazolam, pronto dejó de respirar y fue declarado muerto en unos 90 minutos, según mostró un examen de los registros públicos. Las autoridades investigadoras del condado de Contra Costa dictaminaron posteriormente que su muerte fue accidental, debido a “asfixia por inmovilización en posición prona y paro cardíaco bajo los efectos de la metanfetamina”.

La demanda de su familia alega que AMR no capacitó adecuadamente al paramédico, Richardson, quien dijo a los investigadores que no “aspiró” la jeringa, un paso de seguridad fundamental para evitar la administración intravenosa accidental del sedante. También acusó a la empresa de no tener protocolos para el midazolam y de no contar con una política aprobada por médicos para la inmovilización química. Según la demanda, la empresa solo contaba con un borrador sin firmar y sin aprobar para la administración de midazolam, y no con un protocolo formal aprobado por un médico. (Se desconoce si AMR ha cambiado sus protocolos. AMR se negó a hacer comentarios para este artículo, alegando las normas de confidencialidad de los pacientes).

La fiscal del condado de Contra Costa, Diana Becton, que se enfrenta a una campaña de destitución que la acusa de ser blanda con el crimen, consideró que existían dudas razonables de que la muerte de Gutzalenko fuera “causada por la administración del sedante y/o los medicamentos en el hospital”.

Su exesposa, Honey Gutzalenko, lo recuerda como un padre devoto y cariñoso que tenía un problema con el alcohol. Pero, según ella, de joven quería ser ministro ortodoxo griego. Cuando eso fue posible, se convirtió en enfermero.

“Pensó que lo mejor que podía hacer, aparte de servir a Dios, era ser enfermero titulado”, dijo Gutzalenko. “Era un enfermero excepcional que trabajaba en cuidados intensivos en el barrio donde perdió la vida”.

Dijo que su muerte devastó a la familia y a sus hijos.

“Es inimaginable. Nunca, jamás, habría imaginado que algo así pudiera suceder y cada vez que lo pienso, cada hora del día, sigo conmocionada, el paso del tiempo no ayuda. No mejora como dicen que lo hace”, dijo.

Este artículo fue traducido por Noemi Gonzalez-Rocha.

Joel Umanzor Richmondside's city reporter.

What I cover: I report on what happens in local government, including attending City Council meetings, analyzing the issues that are debated, shedding light on the elected officials who represent Richmond residents, and examining how legislation that is passed will impact Richmonders.

My background: I joined Richmondside in May 2024 as a reporter covering city government and public safety. Before that I was a breaking-news and general-assignment reporter for The San Francisco Standard, The Houston Chronicle and The San Francisco Chronicle. I grew up in Richmond and live locally.

Contact: joel@richmondside.org

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