El reportero Joel Umanzor (izquierda) ha dedicado casi dos años a investigar la historia de cómo un hombre de Richmond murió tras ser inmovilizado por la policía y haberle inyectado un sedante. Descubrió documentos cuya existencia desconocía por completo la hermana de José Luis López, Petronila Fernandes (derecha). Credit: Maurice Tierney

Nota del editor: Puede leer en español una versión abreviada de la investigación de 5 partes de Joel Umanzor y ver la serie completa en inglés.

He estado en varias redacciones, grandes y pequeñas, y he sido testigo de cómo el periodismo puede influir en comunidades locales como Richmond, provocando cambios y creando conciencia sobre cosas que, de lo contrario, pasarían desapercibidas. La serie “Restrained and Sedated” (Inmovilizados y sedados) de Richmondside surgió a partir de una de esas historias menos conocidas, posiblemente poco difundidas, que en un momento dado pensé que nunca se publicarían.

La teoría de los “seis grados de separación” surge de la idea de que todas las personas están relacionadas entre sí por seis conexiones sociales o menos. En la zona de Richmond, donde crecí, siempre me ha parecido que eran más bien tres. Esta es una ciudad pequeña cuyos límites se entrelazan con las ciudades y barrios circundantes, creando un tapiz de comunidad en el que los residentes suelen tener conocidos en común.

Así que, cuando inicié mi carrera como reportero, trabajando como becario en una publicación de San Francisco, no me sorprendió descubrir que tenía un vínculo estrecho con una historia que me habían encargado cubrir.

Era octubre de 2022 y trabajaba en el turno de noche cubriendo noticias de última hora cuando la fiscal del condado de Contra Costa, Diana Becton, anunció que ninguno de los agentes de policía de Richmond que habían tenido un violento enfrentamiento en 2020 con un hombre que murió bajo custodia sería acusado.

Su nombre era José Luis López y de lo que le ocurrió pocos detalles se dieron. Descubrí que, hasta ese momento, ninguna publicación había investigado a fondo el incidente, tal vez porque Richmond, como muchas ciudades pequeñas del país, ya no tenía su propio periódico independiente o tal vez porque murió tres días después de que todos los condados del área de la bahía cerraran debido al COVID.

Presenté una solicitud de acceso a registros públicos de California, en la que pedía las imágenes de las cámaras corporales de la policía y cualquier documento interno relacionado con el caso. Recibí algunos de los registros en enero de 2023 y me sumergí en los detalles. Al igual que el informe del fiscal del distrito, los documentos estaban muy censurados, pero descubrí que en el informe del forense faltaban detalles clave, como el hecho de que López había sido sedado por un paramédico mientras estaba fuertemente inmovilizado, y que parte de la información divulgada por la policía no coincidía con lo que yo había visto en los videos de las cámaras corporales de los agentes. Sabía que había más detrás de la historia y seguí investigando.

Me di cuenta de que había conocido al hombre que murió al ser inmovilizado por la policía y sedado por un paramédico

Petronila Fernandes con la Biblia de su hermano, José Luis López, quien falleció tras recibir una inyección de un potente sedante durante un incidente policial. En la iglesia del Centro Familiar Cristiano de Águilas, el 17 de agosto de 2025. Foto: Maurice Tierney

Una de las primeras cosas que hice fue intentar localizar a la familia de López, buscando su información de contacto en Facebook y otras redes sociales. Me di cuenta de que conocí a López cuando era adolescente y vivía en el oeste del condado de Contra Costa.

Mi padre, Joel Umanzor Sr., ministro baptista de una congregación hispanohablante en la Primera Iglesia Bautista, en la frontera entre Pinole y San Pablo, me lo había presentado un día que hablaban fuera de la iglesia, a mediados de la década de 2000. Su tío era miembro de la iglesia de mi padre. Recordé lo lleno de vida que era López y lo mucho que le gustaba cantar y la música, algo que él le comunicó a mi padre en sus conversaciones. Yo también había participado en un grupo juvenil con el primo menor de López, que era buen amigo de un primo mío.

Esa conexión me ayudó a ponerme en contacto con una integrante de la familia que me confirmó que el hombre que había fallecido era el mismo José Luis que yo había conocido. Ella respondió a muchas preguntas y me presentó a su hermana, Petronila Fernandes, y a su marido, Filipe Fernandes.

Primero conocí a Filipe Fernandes en una cafetería de El Cerrito en 2023. La hermana de López no se nos unió inicialmente porque su marido primero deseaba conocerme y crear un vínculo de confianza conmigo.

Mientras tomábamos café y té, me habló de las muchas preguntas para las que aún la familia no había obtenido respuesta y me dijo cómo la muerte inesperada de López había tenido efectos negativos en la salud mental de su esposa. 

Me dijo que no se había compartido con la familia ninguna de las grabaciones de las cámaras corporales de la policía ni los registros públicos. Ya habían pasado más de dos años de su muerte y meses de la decisión del fiscal del distrito de no procesar a los agentes. No conocían la magnitud del altercado físico entre López y los agentes de policía y se quedaron impactados cuando vieron los videos de las cámaras corporales que yo había obtenido.

Petronila y Filipe Fernandes siguen buscando respuestas sobre la muerte de su hermano, José Luis López. Foto: Maurice Tierney

Después de establecer una relación de confianza con Filipe Fernandes, conocí a Petronila Fernandes y los entrevisté a ambos varias veces a lo largo de cuatro meses. Me presentaron a otros miembros de la familia que vivían en Richmond y en Nicaragua, entre ellos su madre, para que pudiera conocer mejor quién era López.

El descubrimiento de una segunda muerte bajo custodia tras la sedación amplía significativamente la investigación

La historia parecía estar tomando forma justo cuando mi beca de periodismo estaba llegando a su fin y yo buscaba un empleo fijo como periodista.

Pero, por razones que no me fueron explicadas, la publicación se suspendió. Cuando me fui en junio de 2023 para trabajar en otro medio de comunicación, mi editor me dijo que era libre de proponer la historia a otras publicaciones.

Me sentía frustrado porque ocho meses de trabajo no iban a dar fruto, y sabía que eso decepcionaría a la familia, que ya estaba muy traumatizada.

Seguí en contacto con Petronila Fernandes, hablando con ella sobre su vida y su lucha por recuperarse y procesar la información que yo había descubierto.

A principios de 2024, cuando solicité un puesto de reportero en Richmondside, una nueva publicación con sede en Richmond muy centrada en la comunidad, me entusiasmó la posibilidad de poder informar sobre mi ciudad natal y contar por fin esta historia. Lo que encontré fue un editor y una organización que apoyaban mis esfuerzos.

José Luis López (izquierda), de Richmond, e Iván Gutzalenko, de Concord, fallecieron tras recibir una inyección de sedante mientras se encontraban bajo custodia policial en Richmond. Fotos: Cortesía las familias

Poco después de ser contratado, descubrimos por casualidad que López no había sido la única persona en morir en los últimos años en Richmond tras ser sedada por un paramédico mientras estaba inmovilizada por la policía. La Associated Press, en un informe de 2024 sobre casos de “inmovilización letal” en detenciones ocurridas en Estados Unidos, mencionó brevemente el caso de Ivan Gutzalenko, un hombre de Concord que murió justo un año después de López tras recibir una inyección del mismo sedante durante su detención en Richmond.

Reanudé mi investigación, presenté nuevas solicitudes de acceso a registros públicos y descubrí que la familia de Gutzalenko había interpuesto una demanda contra la ciudad, la policía de Richmond, la empresa de ambulancias American Medical Response y el paramédico que le inyectó. El fiscal del distrito también se negó a responsabilizar penalmente a las personas que estaban presentes en la detención de Gutzalenko. Ninguno de los dos paramédicos fue acusado de algún delito. 

Richmond tuvo estos dos casos (las suyas son dos de las 16 muertes por sedación que se produjeron en una década en todo el estado). Aunando eso con todo lo aprendido en mi primer año de periodista en Richmond en materia de seguridad pública, que incluye a los grupos locales de vigilancia policial y las alternativas a la policía, y otros asuntos de la ciudad, me llevó a reescribir sustancialmente mi artículo original sobre López y a examinar más profundamente los temas, escribiendo artículos adicionales. (Puede leer el primero aquí; los demás se publicarán a lo largo de la semana).

Creo que los casos de López y Gutzalenko son ejemplos de por qué es importante que Richmond cuente con una fuente de periodismo dedicada, libre e independiente. Ellos eran dos personas que vivían y/o trabajaban en esta comunidad y que tocaron las vidas de sus amigos, familiares y vecinos. Sus historias merecen ser contadas en su totalidad.

En el caso de Petronila Fernandes, una hispanohablante que no conocía sus derechos a la información pública en el sistema legal estadounidense, quizás nunca se habría enterado de cómo murió su hermano, al que describió tan apegado a ella como un gemelo.

A medida que Richmondside, que recientemente celebró su primer aniversario, sigue creciendo y consolidándose, nos comprometemos a un periodismo más profundo como este. La transparencia del gobierno y la rendición de cuentas de los funcionarios y de las entidades hacia el público al que sirven forman parte de una democracia sana. En ambos casos mencionados, múltiples agencias municipales, del condado y estatales jugaron un papel.

Por supuesto, nada es blanco o negro. Estos casos son matizados y muestran la desafortunada realidad de cómo nuestra sociedad, desde las autoridades hasta los legisladores, a menudo le es difícil afrontar esos momentos en que la salud mental y el abuso de sustancias se cruzan con la seguridad pública. Sé que en Richmond y el Condado de Contra Costa se ha trabajado mucho, tanto antes como después de las muertes de López y Gutzalenko, para tratar de que las personas en crisis reciban la ayuda que necesitan antes de que la policía tenga que intervenir.

Desgraciadamente, López y Gutzalenko no pudieron obtener la ayuda que necesitaban a tiempo. Tristemente, la hermana de López se enteró justo después de su muerte de que había sido aceptado en un programa de salud mental y vivienda del condado. Espero que, con el relato de sus historias, la comunidad se sienta motivada a hacer más para prevenir este tipo de muertes.

Líneas de atención telefónica para la crisis mental

Contra Costa Health ofrece los siguientes consejos para cualquier persona que se encuentre en una crisis de salud mental:

Si usted o un familiar se encuentran en una situación de emergencia que pone en peligro su vida, llame al 911. Si se encuentra en una crisis de salud conductual, hay atención disponible las 24 horas:

Este artículo fue traducido por Noemi Gonzalez-Rocha.

Joel Umanzor Richmondside's city reporter.

What I cover: I report on what happens in local government, including attending City Council meetings, analyzing the issues that are debated, shedding light on the elected officials who represent Richmond residents, and examining how legislation that is passed will impact Richmonders.

My background: I joined Richmondside in May 2024 as a reporter covering city government and public safety. Before that I was a breaking-news and general-assignment reporter for The San Francisco Standard, The Houston Chronicle and The San Francisco Chronicle. I grew up in Richmond and live locally.

Contact: joel@richmondside.org

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